Una historia para contar
Esta es una historia que no muchos pueden contar, ya sea por vergüenza, ya sea por que no a muchas personas les pasa, pero a mi me pasó y a mi me da la gana contarlo.
Casi nadie, sabe lo que viví y vivo; casi nadie, comprende lo que siento y entiendo;
Y lo peor de todo, en el Perú la gente diga o no diga que es open mind en realidad nadie lo es.
Pues, como se suele decir en mi linda y horrible Lima: “Aquí se perdona la mentira, la impuntualidad, la conchudés, pero no ser cabro”
Día a día vivía con una vergüenza ajena, que ni tan ajena, a veces me molestaba.
Empecemos por el principio.
Me acuerdo que todos los años transmitían el carnaval de Río de Janeiro en canal 9. Recuerdo cuando tenía 10 años más o menos, esos días de febrero, época de carnavales. Un día mirando canal 9 –el carnaval- yo recuerdo mi entusiasmo, ya que por primera vez veía senos y a los 10 años, para mi era pornografía pura y de la mejor. Pero mi viejo comentó: “Tamare hijo mira toda esa huevada, cabros por todos lados moviendo sus tetas”, fue ese comentario, el que me abrió las puertas a un mundo que no conocía, no entendía y mucho peor, lo único que pude comprender fue, que la cabronada es algo malo.
Tiempo después, unos 5 años después, Yo, como típico hermano menor, me dispuse a rebuscar entre las cosas de mi hermano mayor (5 años mayor que yo) y me di con la sorpresa de una carta, una carta de amor, pero lo que no entendía era que la carta era de un hombre hacia mi hermano. Yo no entendía, ¿mi hermano es cabro?
A partir de ese momento todo mi esquema mental simplemente cambio.
Pude aceptarlo, pero de la manera incorrecta, nunca apoye a mi hermano, más bien yo empecé a formar parte de su problema.
Un par de años más tarde, era un domingo recuerdo, mi hermano toco la puerta de mi cuarto con violencia, yo no sabia cual era su problema, pero mi hermano nunca fue una persona fácil de tratar, así que le abrí la puerta molesto y le pregunte que mierda quería y nos pusimos a discutir.
Inocente error fue haberle dicho: “Eres un cabro de mierda” fue hay cuando mi hermano soltó toda su ira e impotencia acumulada y entre gritos y golpes me dijo: Si pues, soy cabro y qué. A ti que chucha te importa y mi respuesta fue aún peor: “Oe, que chucha tienes, ¿estas drogado? O ¿qué?”, en ese momento note el alivio y el descargo en sus ojos, lo que por fin me ayudo a confirmar la opción sexual de mi hermano y por otra parte mi hermano noto la conmoción y sorpresa en mis ojos, noto que no estaba listo para lo que me acababa de decir.
Luego, la pequeñez del mundo me hizo conocer gente de la promoción de mi hermano, gente, que al igual que yo, sospechaba de la opción sexual de mi hermano y al mismo tiempo también formaban parte de su problema.
Recuerdo esos comentarios dobles en donde me juzgaban o reflejaban en mí su repudio hacia mi hermano por su inclinación o esos comentarios directos en donde me decían: “tu hermano es un cabro” o “tú eres un cabro”, lo cual me molestaba aún más.
En esos momentos yo me encontraba asimilando lo que no pude entender por muchos años, la homosexualidad. (Verán, es muy distinto conocer la homosexualidad por televisión, ver como ese termino resulta despectivo e insultante mientras, que yo, por otro lado, tenia esa dualidad antagónica de: ser cabro es algo malo, pero mi hermano es cabro, ¿Eso significa que el es malo?)
Así que como mal hermano, me dedique por mucho tiempo a apoyar a los que insultaban a mi hermano y hablaba mal a sus espaldas insultándolo y crucificándolo por ser homosexual, pero no era más que mi forma de defenderme ante la sociedad, ante el hecho de que a mi también me tilden de cabro.
Por mucho tiempo seguí haciéndolo, hasta que por fin, ahora puedo considerarme un open mind (condición que debo ocultar ya que en mi linda y horrible lima nadie lo es)
Ahora veo las cosas de otra manera, me he dado cuenta que, los cabros, aunque molestosos y quisquillosos, en realidad no tienen nada de malo y es ahora que todas esas palabras hirientes que solté y dejé soltar por sus amigos y los míos vuelven ahora para cobrar su karma.
Con estas palabras, en esta historia, solo quiero disculparme con mi hermano por mi incomprensión y aunque el nunca llegue a leer estas líneas ni nunca sepa mi verdad, yo simplemente quiero cumplir con mi labor de decirle a Lima; Dejemos de ser tan cerrados ante la naturaleza humana. El ser homosexual forma parte de nuestra naturaleza.
Es justamente pagar mi karma, la razón de esta historia, y es ahora el momento de decir lo siguiente: Amigos míos, nunca más voy a tolerar una sola insolencia ante la opción sexual de mi hermano, que aunque una buena relación no tenemos, respeto mucho su valentía y orgullo, pues para ser cabro en este país hay que tener alma de héroe o cuerpo de esclavo, ya que como dije líneas arriba: “
Aquí se perdona la mentira, la impuntualidad, la conchudés, pero no ser homosexual”